martes, diciembre 20, 2005

EL ETERNO COMENSAL



En un hermoso escrito, Altazor hace una extensa semblanza de Guy Monod. Éste, conmovido, niega rotundamente ser merecedor de tantos halagos y declara que el único don que realmente cree tener es aquel que el Ilustre no menciona, precisamente: su apetito insaciable.

Capaz de devorar cantidades industriales de carne, aún se recuerda la noche gloriosa en el patio de Vicente Guerrero, en Barquisimeto, cuando él y Martín Castillo -según el testimonio de éste último- comieron asado de tira y bebieron vino tinto durante cuatro horas seguidas. Hasta el pantagruélico Ricardo tiró la toalla y cruzó los cubiertos sobre el plato, vencido. El Doctor Rojo le advirtió con preocupación sobre las consecuencias de la pancreatitis aguda que podría contraer durante semejantes bacanales. Monod, siempre atento a los consejos de buena fe, ha moderado su dieta. Desde aquel día evita la guasacaca.

De Trondheim a Bogotá, de Querétaro a Florianópolis; la dentadura de Monod ha dejado su marca en muchos lugares del hemisferio occidental. En su exilio selvático también ha ganado una merecida fama de "gourmand". En una ocasión, pocos días después de haber arribado a las riberas del Orinoco, algunos miembros de la tribu caribe lo invitaron a una celebración con abundante comida. El cacique Bernabé, malintencionado, trinchaba y le servía grandes cantidades de carne, mientras decía con tono burlón "coma, catire; coma m'hijo pa' que se alimente y agarre fuerza". Horas después, frustrado, Bernabé clavó el cuchillo en la tabla de la mesa y se retiró refunfuñando. Monod, sin amilanarse, empuñó la herramienta y aún pudo dar cuenta de un pollo asado antes de que cayera la noche. Los nativos desde aquel día lo llaman "Tenedor de Oro".

Carne a la parrilla no es lo único que come este etnólogo por afición y por circunstancia. En la mesa ha visto servir -y él mismo ha degustado, con pocas excepciones- los siguientes platillos:


De paladar tolerante, Monod es sin embargo poco inclinado a la dulzura.

Martín Castillo también contaba que en el restaurant "La Vaca Argentina", en Madrid, se encuentra una estatua de bronce sentada en una de las mesas. Dicen que es Guy Monod, quien ya no quiso salir nunca más de ese lugar. Si pasan por Madrid, vayan y siéntense a su lado.